Depilar las cejas no es simplemente cortar el pelo, igual que una peluquería no corta al tuntún. Hay un trabajo previo, un diagnóstico, un diseño… Eso es lo que diferencia una depilación buena de una mala. En Sabáh no trabajamos en cadena, nos gusta tratar a cada persona de forma individual y personalizada.

A veces no damos a las cejas la importancia que merecen y dejamos que crezcan sin más, como algo que no fuera nuestro. Sin embargo, podemos diseñarlas a nuestro gusto, para que realce las formas de nuestro rostro. A veces, también por estar a la última. Sólo hay que ver películas de los 80 y los 90 para comprobar cómo han ido cambiado los estilos de ceja.

Lo primero es tener un objetivo. Hay quien quiere un mantenimiento y una limpieza y quien busca un nuevo look, un cambio en la forma de sus cejas. No requieren la misma actuación.

 

Después debemos dar un paso atrás y no fijarnos sólo en las cejas, sino en el conjunto de la cara. Debemos estudiar el rostro, las facciones, la forma… Es lo que se llama visagismo. Aquí entra en juego la forma de la boca, de la nariz o la distancia entre los ojos. No todas las caras aceptan las mismas cejas. Una cara redonda pedirá un tipo de ceja diferente a una cara alargada.

De vuelta a las cejas, hay que fijarse en sus características. La forma inicial, el grosor, si está poco poblada o muy poblada… A veces queremos dar un cambio radical y no es fácil. Si tenemos unas cejas gruesas y muy pobladas, tal vez sea demasiado dejarlas muy perfiladas en una sola sesión.

Por eso, en Sabáh no sólo cortamos y depilamos, también asesoramos. En nuestro centro de Zaragoza, creemos que ese conocimiento y experiencia es la clave para un buen resultado.