La piel es el órgano más grande, más pesado y visible de nuestro organismo. Tiene el tamaño de una toalla de baño: entre 1,5 y 2 metros cuadrados. Su peso aproximado es de 3 kilogramos. Es nuestra principal protección, la capa que nos cubre, la primera barrera contra infecciones. Y, sin embargo, no la cuidamos como se merece.

El envejecimiento de una persona puede verse claramente en su piel. Si fotografiamos a alguien cada 5 o 10 años, veremos que cambia de color, que pierde su tersura, que nacen arrugas y estrías… El color y la temperatura de la piel es también una señal de salud. Y, de nuevo, no le prestamos suficiente atención.

En Sabáh apreciamos la importancia de la piel, especialmente la de la cara y por eso tenemos un área de estética dedicada a cuidar la piel de nuestro rostro. Creemos que el diagnóstico es el primer paso para un buen tratamiento. Es una de nuestras señas de identidad, sin el cual no puede realizarse un buen trabajo.

Antes de entrar en cabina, medimos:

  • Elasticidad
  • Arruga
  • Poro
  • Grasa
  • Mancha
  • Hidratación

Este completo análisis facial permite a nuestras técnicos de estética recomendar el tratamiento y el producto más adecuado para tu rostro.

Una vez que conocemos todos los secretos de tu piel, podemos tratarla con profesionalidad y cuidado. Ya en cabina, tenemos diferentes tratamientos para elegir. Desde los esenciales, en los que limpiamos tu rostro o purificamos tu piel, hasta los más completos tratamientos para frenar el envejecimiento.

Nos preguntáis cuántas sesiones son necesarias para lograr resultados efectivos. Es difícil ofrecer una cifra exacta, pues depende de cada persona. Pero en los años que llevamos trabajando en nuestro centro, sí hemos comprobado que, como en otros aspectos de la vida, la clave es la constancia. Una sesión está bien; dos, mejor; acudir con regularidad es lo ideal. Para mantener los avances conseguidos en las primeras sesiones, es muy recomendable no sólo acudir a cabina, sino continuar con la perseverancia del cuidado en casa.

Si la cara es el espejo del alma, también nuestra piel refleja nuestro interior. ¡Cuídala con mimo!